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lunes, 28 de abril de 2014

¿Alguna vez has visto los azulejos?

El otro día mientras tomaba un baño, como cualquier otro día, nada sorprendente, miré fijamente algunos azulejos; primero noté la extravagancia que tienen al encajar unos con otros cuando de figuras hablamos, después vi que mi mente me juega bromas como la de cualquier otra persona, sólo que no sé qué bromas ven ustedes.

Vi un caballo mirándome fijamente, como si yo fuera su azulejo, ¿serán acaso portales a otra dimensión? En las piezas cercanas como representando las emociones del animal, se dibujaban, al menos eso me dijo mi mente, unas montañas nevadas con tormenta incluida. Como si fuese película a blanco y negro, posiblemente una imagen sacada de Casa Blanca, se dibujaba una mujer de sombrero grande mirando a las montañas, usando una gabardina con el cuello levantado, claramente esperando a alguien. Al costado, desde mi perspectiva, porque parece que la mujer le daba la espalda, se podía ver un gran oso, un oso triste ¿esperará ser visto por la mujer? ¿Esperará ser visto por Alondra? Sí, le puse nombre, a final de cuentas ella vive en mi baño, esperando no sé a quién, ¿el caballo me habrá puesto nombre? Algún día le preguntaré a Alondra hacia dónde mira, a quién espera.

No lo sé, me siento como una mancha en un baño, los que ponen un poco de atención ven si espero o si miro hacia algún lado.

jueves, 17 de abril de 2014

Noche de aquí para allá


Cae la noche y cierra sus ojos, las luces apagadas, la cobija caliente. Tiene que sacar el pie izquierdo para templar su cuerpo. Cruzando el pasillo se escucha el refrigerador cada siete minutos creando frío por dentro y calor por fuera. Afuera pasa el último autobús del día, un hombre sentado en la parte trasera que terminó su jornada laboral espera no ser asaltado por el chofer; el chofer espera no ser asaltado por el único pasajero y lo espejea cada que se detiene en una luz roja.

Al otro lado de la ciudad, en el bar que cierra casi de día, van llegando un grupo de amigos que hace años no se veían para tomar unas cervezas. Unos más gordos, otros van al gimnasio, ninguno soltero; todos con historias nuevas, siempre se cuentan las mismas historias de siempre. Los años de gloria.

En la central de autobuses salen las últimas tandas a lugares a más de tres horas de camino. Los choferes toman café. La cocaína ya no está de moda. No ponen películas ni capítulos de los expedientes secretos X, apagan las luces e intentan dormir las cuatro horas de camino. No hay tráfico por las carreteras, en los pueblos aledaños todos duermen. Intentan dormir a pesar de la violencia que hay en todos lados y que juran está peor en el norte, mientras que en el norte juran que está peor en el sur. Está peor en todos lados. El chofer intenta no dormir, intenta no atropellar a los perros que sale de la nada y que van a ningún lugar, espera no ver a la niña que dicen que se aparece después de las 3:37 am como dicen que pasa. El pasajero del asiento 19 no puede dormir; tomó poco café y espera que al llegar pueda dormir bien pero sin perder el día. En la caseta final de la ciudad destino cambian de turno; se va Lupita y llega Beatriz, le dicen Beti, mientras, sus dos hijos de padres distintos duermen en casa de sus abuelos sin saber los nombres de sus respectivos padres. Creen que Martín, el pretendiente y padre del bebé que no sabe que espera Beti es como su padre. Lo será los próximos dos años. 

En el centro, en una casa de estudiantes, ya no hay personas sobrias, los vecinos piensan en llamar a la policía, no lo harán por falta de dos horas para despertar. En la  fiesta quedan nueve personas, seis hombres y tres mujeres. Ellos esperan poder regresar a casa con al menos una de ellas, tomar una cerveza más y sexo ocasional.

En el puesto de tacos que sigue con el quemador encendido se juntan los amigos, ebrios, unos con novias, sin conquista otros. Los tacos son buenos a causa de las cervezas. Treinta pesos por dos quesadillas, luego a dormir. Un par de horas después despierta un hombre, revisa su teléfono, sus conocidos ya subieron fotos, él durmió. 

Al otro lado del mundo comienza a obscurecer. 

miércoles, 19 de febrero de 2014

Mis primeros sobrinos

Alguna vez llegué a pensar en que algún día tendré sobrinos, digo, tengo cinco hermanas. Pero la cosa no ha quedado ahí, a mis veintitantos y no siendo el mayor, no tengo sobrinos de sangre. Mis primeros sobrinos son hijos de mis hermanos hijos de otra madre. Hoy puedo nombrar a dos y una en camino. Sebastián y Bruno, hijos de Yogui y Lulú los considero mis sobrinos, Bruno es pequeño y tal vez crezca sin verme ahí, teniendo experiencias junto a sus padres, pero espero algún día sepa de mi existencia y de los buenos momentos que pasé con ellos mientras estuvieron viviendo en Guanajuato. Sebastián por otro lado, lo conocí a sus escasos dos años, cuando lo único que hacía era preguntar por su mami y llorar. Pasó temporadas en la Quintita, superando el miedo a algunos animales con y como Aldonza, se llegó a llamar "dobledé", estuvo en las titulaciones de algunos otros amigos y nos hacía reír con algunas de sus ocurrencias. Después de varios años ya en lugar de llorar por su mami, podía ir con nosotros y jugar a las luchitas con algunos. Afortunadamente Gato nunca salió lastimado.

Ahora está próxima a nacer la hija de Thalis y la Seño, Lilia. Cuando me contaron que venía en camino me emocioné, recuerdo que Thalía me dijo que iba a ser tío, así literal. Creo que tenía mes y medio de gestación. En estos nueve meses hemos vivido varias cosas, la partida del chavo, que esperemos esté bien aunque no sea muy comunicativo, el primer semestre de Roberto en el CIDE, incluyendo su titulación, a la que por diversas razones no pudimos asistir ni Emmanuel, ni el chavo, ni yo. Pero allí estuvieron Thalía... Seño, Juanita, Miguel Ángel, entre otros. Luis y Montse comenzaron a vivir con Emmanuel y hasta una posada entre los totoros y cáscara hubo, hoy cástoros. Yogui y Lulú se fueron a Chihuahua. Muchos cambios. 

Lilia es esperada por todos, el 20 de febrero cumpliría 40 semanas en la pancita de su mamá, la espera un cuarto arreglado especialmente para ella, unos papás ansiosos, aunque Thalis tiene sólo un hermano y Gerardo tiene dos, somos más de tres tíos queriendo conocerla y tal vez cargarla un ratito y hablarle como si fuéramos retrasados. Porque eso hacemos los tíos, queremos a los sobrinos como queremos a los hermanos, porque así es esto de la familia.

A que la Seño llora.

miércoles, 5 de febrero de 2014

Hay de tragedias a tragedias


En un trayecto tan corto no se puede perder mucho, dicen.  En un viaje que tuve no hace mucho de Guadalajara a Arandas, un par de maletas cayeron. Para mi mala suerte una ellas era mía. Ambas fueron arrastradas por la camioneta y tuve la fortuna, por  decirlo de algún modo, que mis cosas cayeran sobre la otra maleta. Por la fricción la maleta de Camilo fue prácticamente destrozada y perdió sus cosas de viaje, gracias a eso, la mía resultó con un gran hoyo por el cual apenas salieron unos calcetines y se rompieron unas playeras. Camilo perdió todo, pero no dejaba de decir que su ropa era buena, de marca, etcétera. Por mi parte, tal vez por ser mis cosas o qué sé yo, pero entre mis playeras rotas estaba una que había pasado buenos momentos conmigo que me dolió más que todo. 

¿Qué le dolía a Camilo? ¿El dinero gastado? Puta, yo no podría sumarle recuerdos a mi playera, no podría usarla y decir "recuerdas aquella vez que... que yo traía una playera así o asá".

Ni modo, hay etapas para cada cosa y cada persona. Mi playera me dio buenos momentos, me queda guardarla y cada vez que la vea sé que esos buenos momentos allí estarán.

sábado, 14 de diciembre de 2013

Janeth

Janeth, mi amada Janeth, hace unos días fui a Guanajuato. Espero me perdones por no compartir el viaje contigo, ya sabes cómo es Alfonso, impulsivo y fiestero. 
Prefiero escribirte una carta que decírtelo en persona porque sé que así pensarás un poco antes de enojarte.
El viernes salí con los chicos. Tenía tanto sin verlos. Entre la charla hablamos de todo, los niños, la casa, de nuestras mujeres (tú entre ellas, no te preocupes). Lo admito, se nos pasaron las copas un poco y tomamos un camión para Guanajuato. Aún tengo amigos allá. Israel, ¿lo recuerdas? El de las bromas, bueno, nos quedamos con él. 
Esta vez vi a Guanajuato diferente, creo que nunca había estado por acá en octubre. Bueno, llegamos. Me vas a decir tonto pero hasta que puse un pie abajo del camión me di cuenta del tiempo que ha pasado desde que me fui de Cuévano, como lo llamaba Ibargüengoitia. Guadalajara es bonita, es nuestra ciudad, ya lo sabes, tequila, mariachi, y bellas mujeres, como tú. Guanajuato tiene algo especial que no había notado. Dormimos en el camino y cuando al fin estuvimos en la central de camiones olvidé qué ruta iba para la casa de Israel. Tomamos un taxi. Qué buen tipo nos trasladó, le dicen “el cafre”, qué apodo ¿no? Al parecer pensó que nunca habíamos estado por acá, le dije que a Valenciana y nos llevó por el rumbo de embajadoras, después compuso un poco por el centro, y entre la plática y la oscuridad de los túneles le pregunté de las remodelaciones del Cantador y Pastitos. Creo que le dio pena cobrar de más. Bueno nos contó buenas historias del rumbo y de cómo era el Cervantino en otros tiempos, en tiempo de dinero decía él. Me cayó bien. 
Cuando al fin llegamos a la casa de Israel nos recibió con una cerveza. No te enojes pero no pude decir que no, ni Jorge, ni Alfonso pudieron negarse y entre la sed y la resaca decidimos comprar un par más cada quien. Hablamos acerca de tantas cosas, me contó que ha llovido mucho y no lo dudé, deberías de ver 
las fotos que tiene del Orito, es tan verde, me da un poco de envidia pero lo disfruté. Le pregunté de las actividades en el centro. Esperaba que me llevara a algún concierto, de esos del Teatro Principal, con el coro de la Universidad, recuerdo cuando fuimos y escuchamos a la orquesta, te vi muy contenta y eso valió la pena. O a un bar de esos a los que íbamos, como el famoso bar que está frente al teatro, justamente, no sé, algo de lo que me narraban las personas que iban a vivir el Cervantino. No hicimos nada de eso. 
Después de unas cervezas, ya animados nos decidimos a salir, no sin antes dar una vuelta por el barrio, Mimí, ¿recuerdas a Mimí? aún tiene la tienda y platicamos un poco. En la plazuela seguía oliendo a turismo y escuchábamos el típico grito de “acomódate para la foto” con sus variantes, o los comentarios acerca del templo de San Cayetano hablando de lo bello que está por dentro, corrían niños por todos lados, las mamás que como siempre que permiten que los niños se cuiden en extremo, bueno, había mucha gente, ya sabrás el alboroto. 
Tomamos el camión de Cristo Rey para ir al centro, se llenó como en los tiempos en los que estudiábamos por acá, aunque íbamos un poco apretados empezamos a hacer planes y entre ellos estaba el de ir a comer al Truco o al Santo, esos lugares que siempre hay comida aunque rara vez hay una mesa disponible cuando llegamos, eso habla bien de ellos… creo. 
Después de tanto planear vimos que por menos dinero podíamos comer en la Alhóndiga con las doñas. No nos podíamos quejar, veníamos de joda como dicen en Argentina. Comimos rico, aunque Jorge tiró el agua sobre mi plato, y fue un regateo entre nosotros, yo me hice el ofendido y le dije dos tres cosas, y unas chicas extranjeras estaban que morían de risa, hasta que una de ellas me dijo “sos un personaje” entonces todos reímos, aunque por razones distintas. La plática se centró en las diferencias de expresiones, como siempre sucede al ver un extranjero. Pasamos del personaje al boludo, y entre que pasábamos del voseo al tuteo dependiendo de quien hablaba, terminamos perdiendo cuando nos hablaron del dulce de leche, como buenos tapatíos ofrecimos las tortas ahogadas, pero estábamos lejos de poder conseguir una. No sabes cómo quise una torta ahogada, de esas de las de Don pepe, donde siempre vamos cuando no queremos cocinar pero se me pasaron cuando pedí una guacamaya. Todos comimos guacamayas y como es natural las chicas se enchilaron como si fuera el fin del mundo. Debiste haber estado ahí para recordarme que siempre me enchilo de lo lindo aunque sabes que me gusta. Uf, terminamos exhaustos con la comida, o creo que fue con el agua, el agua que siempre es de horchata, que aunque sabe rica nunca le da gusto a Alfonso, mejor pidió una cerveza y se la tomó a escondidas y nos despedimos de todos. 
Caminamos de la Alhóndiga al Teatro Cervantes, creo que unas tres veces de ida y vuelta, dizque buscando un poco de entretenimiento. Buscábamos mal porque sólo nos metíamos a los bares buscando mejores precios. Había un mar de gente, gente de todos lados, hasta noruegos llegamos a ver. Entre empujones pasamos por el Teatro Juárez y nos decidimos por subir al Pípila, y ahora todos tenemos una foto panorámica de recuerdo, vaya que me sentí tan turista, creo que en los cinco años que estuvimos por acá nunca había hecho eso de las fotos que es tan popular, ahora conozco el Jardín Unión desde arriba, los hoteles cercanos, los restaurantes, etc. 
Te cuento que vimos mucha gente en la plaza de San Roque o en la de San Fernando, después de tanto tiempo me sigo confundiendo, bueno la de las gradas, tú sabrás cuál. Bajamos y sin pensarlo fuimos a hacer bola y enterarnos de lo que pasaba, ni más ni menos estaba la muerte, bueno, la Catrina, deberías ver qué bonito espectáculo, recitaron poemas y esas cosas de arriba abajo, hacían bromas con la gente, todo muy bonito, hubo una broma que me dio mucha risa, esa Catrina que tenía la cara pintada y lucía unas rastas enormes y tenía una sonrisa angelical empezó a decir de una manera muy seria “me gustas cuando callas…” se hizo un aura muy romántica, no te mentiré, pensé en ti y de cuando te escribí aquellos versos de Neruda que tanto te gustan, pero en ese momento la Catrina proseguía de una manera que no me lo esperaba, he ahí la belleza de sus palabras: “me gustas cuando callas, ¡así que cállate!”, esa parte no te la dedico, eh. 
Ya se acercaba la noche y lo mejor que podíamos hacer era ver el evento de Pastitos, era algo de un circo, con grúas, con bailarines increíbles, con música impresionante, la verdad un evento para recordar. 
Vieras como me di cuenta de que no había estado en Guanajuato por ahí de los octubres, porque no había conocido todo el arte que se vive en el Cervantino y cómo se mezclan personas de tantos lados, entre los actores callejeros que no son agendados y los actores y músicos que son traídos de todos los rincones del mundo. Sin duda una experiencia para no olvidar. 
Si después de leer esta carta que te pongo debajo de la almohada ahora que es domingo, y que no sabes lo lejos que estuve sin ti, pero pensando en ti, decides perdonarme por poner distancia entre nosotros, esperemos que ya que tengamos un hijo, el pequeño Ángel o la pequeña Sofía, depende de si es niño o niña, vamos los tres y nos damos una vuelta por ese Guanajuato que lo único que hizo fue tenernos en nuestra época de novios y ver como nos amamos por sus callejones.