En un trayecto tan corto no se puede perder mucho, dicen. En un viaje que tuve no hace mucho de Guadalajara a Arandas, un par de maletas cayeron. Para mi mala suerte una ellas era mía. Ambas fueron arrastradas por la camioneta y tuve la fortuna, por decirlo de algún modo, que mis cosas cayeran sobre la otra maleta. Por la fricción la maleta de Camilo fue prácticamente destrozada y perdió sus cosas de viaje, gracias a eso, la mía resultó con un gran hoyo por el cual apenas salieron unos calcetines y se rompieron unas playeras. Camilo perdió todo, pero no dejaba de decir que su ropa era buena, de marca, etcétera. Por mi parte, tal vez por ser mis cosas o qué sé yo, pero entre mis playeras rotas estaba una que había pasado buenos momentos conmigo que me dolió más que todo.
¿Qué le dolía a Camilo? ¿El dinero gastado? Puta, yo no podría sumarle recuerdos a mi playera, no podría usarla y decir "recuerdas aquella vez que... que yo traía una playera así o asá".
Ni modo, hay etapas para cada cosa y cada persona. Mi playera me dio buenos momentos, me queda guardarla y cada vez que la vea sé que esos buenos momentos allí estarán.
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