El otro día mientras tomaba un baño, como cualquier otro día, nada sorprendente, miré fijamente algunos azulejos; primero noté la extravagancia que tienen al encajar unos con otros cuando de figuras hablamos, después vi que mi mente me juega bromas como la de cualquier otra persona, sólo que no sé qué bromas ven ustedes.
Vi un caballo mirándome fijamente, como si yo fuera su azulejo, ¿serán acaso portales a otra dimensión? En las piezas cercanas como representando las emociones del animal, se dibujaban, al menos eso me dijo mi mente, unas montañas nevadas con tormenta incluida. Como si fuese película a blanco y negro, posiblemente una imagen sacada de Casa Blanca, se dibujaba una mujer de sombrero grande mirando a las montañas, usando una gabardina con el cuello levantado, claramente esperando a alguien. Al costado, desde mi perspectiva, porque parece que la mujer le daba la espalda, se podía ver un gran oso, un oso triste ¿esperará ser visto por la mujer? ¿Esperará ser visto por Alondra? Sí, le puse nombre, a final de cuentas ella vive en mi baño, esperando no sé a quién, ¿el caballo me habrá puesto nombre? Algún día le preguntaré a Alondra hacia dónde mira, a quién espera.
No lo sé, me siento como una mancha en un baño, los que ponen un poco de atención ven si espero o si miro hacia algún lado.
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