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jueves, 5 de diciembre de 2013

Esperemos

A veces creo que las salas de espera son un invento de las empresas de transporte para coleccionar las mismas caras a pesar de que la gente cambie. Incluso hay lugares donde separan las llegadas de las salidas. 

En esos sitios, la gente actúa normal, como cualquier día, hasta 5 minutos antes de la hora marcada en el boleto que anuncia la hora, fecha, andén, y asiento. Cuando se llega la hora, si el que se va está acompañado, la cara se torna triste, como cuando se aproxima al paredón. Hay que pensar bien esas últimas palabras. Cuando es un viaje grupal, todo son risas. Los que conocen el lugar de arribo comparten experiencias con los primerisos. C'est la vie.

El contraste es marcado con la sala de espera de llegadas; es difícil ser el que da información en ese lugar. Si bien las uñas nunca duran, en ese sitio se pueden levantar del piso con escoba y recogedor. la gente llega 10 minutos antes de la hora pactada, por eso de las prisas. Ahí empieza el desfile de preguntas y la intriga acerca de si pasó algo, ¿por qué tardan tanto? Hace 2 minutos debieron haber llegado.

Es un sufrir en esas habitaciones. Pero, todo cambia cuando al fin llega el ser esperado. Ocultemos caras anhelantes y saquemos caras felices, todo salió bien en esta operación.

No importa el país o la clase social; si se despide del ser querido sale la cara larga, si se espera al ser querido se es un mar de preocupaciones hasta que el transporte llega a buen puerto.

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